Patricia Narbona Psicóloga

Mutismo selectivo

El mutismo selectivo es un trastorno situado por el DSM-V dentro de los trastornos de ansiedad. Se caracteriza por la imposibilidad (psíquica) de hablar en más de un contexto. Normalmente, cualquier contexto fuera del ámbito familiar. Así, son niños, niñas, adolescentes y adultos que solo pueden hablar con su familia o con aquellas personas con quiénes crean un vínculo de seguridad. 

Es importante recalcar que la ausencia de palabra no es una decisión voluntaria de la persona ni tampoco hay un trastorno orgánico que la explique. Es, a grandes rasgos, más bien una estrategia psicológica para enfrentarse al miedo y la inseguridad desbordantes. Es por ello que es completamente contraproducente el uso de cualquier tipo de castigo (decirle cosas como: “se le ha comido la lengua al gato”, “se le ha olvidado hablar”…), ya que ello solo generará más ansiedad en la persona lo que aumentará su conducta de inhibición. 

Normalmente, aparece en la primera infancia (cuando el niño o la niña comienza la etapa escolar) y puede mantenerse hasta la adolescencia o la adultez si no se trata o si la persona no encuentra la manera de abordar o atravesar sus dificultades.

Consecuencias

Mientras más años se mantenga este trastorno, más dificultades van a aparecer en la vida de la persona, desde el ámbito socioemocional (no solo porque es difícil crear y mantener relaciones sino es usando la palabra, sino porque hay mucho temor y desconfianza hacia las otras lo que genera una inhibición del contacto) hasta su evolución académica o su grado de autonomía (puede aparecer mucha dependencia de la madre o el padre, ya que hay mucha dificultad para salir al mundo).

Tratamiento

El miedo que está al fondo de este trastorno parece estar relacionado con la ansiedad social, es decir, con el miedo a las personas y situaciones extrañas. Este miedo a lo desconocido junto con la conducta de búsqueda de las figuras de apego, son elementos evolutivos y adaptativos del ser humano (nos ayudan a sobrevivir), pero en el caso de las personas que padecen Mutismo Selectivo, este miedo se ha desproporcionado y la mejor respuesta que ha encontrado la persona para sobrellevarlo es inhibiendo la conducta, es decir, retrayéndose hacia adentro, guardando la palabra para sí misma. 

El tratamiento psicológico consistirá, en primer lugar, en crear un buen vínculo de seguridad en donde la persona pueda confiar. El medio de expresión será el elegido por la persona entre la escritura, el dibujo, la pintura, la escultura o el juego. La persona elegirá cuando comenzar a hablar, sabiendo que cuando se sienta confiada, lo hará. 

Cuando la persona pueda ir expresando sus dificultades y miedos, podremos brindarle todo un repertorio de técnicas cognitivo-conductuales, arteterapéuticas y humanistas, para lograr afrontar las mismas. Lo importante aquí será modificar el autoconcepto y la percepción de autoeficacia de la persona, a través de atravesar las situaciones que le asusten y poder vivenciar que realmente, tiene recursos para ello. No se trata tanto de enseñarle habilidades nuevas, sino de descubrir los recursos que la persona ya tiene y que, hasta ahora, no ha puesto en juego en el ámbito social.