Secuelas psicológicas en víctimas de maltrato o abuso infantil
El maltrato físico o emocional (insultos, humillaciones.…), la negligencia (no responsabilizarse del cuidado del menor) y el abuso sexual, son acciones u omisiones que privan al menor de sus derechos fundamentales y amenazan la posibilidad de que se desarrolle y crezca en buenas condiciones.
Sobre las secuelas psicológicas
Las secuelas de este maltrato, que dicen las investigaciones que suele presentarse combinado unos tipos con otros, pueden ser múltiples y muy duraderas, dependiendo de:
- El tipo de maltrato, según la violencia que ejerza y la intromisión en el cuerpo del niño o la niña que ejerza.
- La persona o personas que lo ejerzan y el poder y el lugar que ocupen en la vida del menor. Cuando el maltrato o el abuso sexual es ejercido por las principales figuras de apego del niño o la niña, esta puede ver comprometida la construcción de una base psicológica segura y estable (es muy complejo para un menor integrar psicológicamente que la persona que le ama es también la que le daña).
- Si es un hecho aislado o si se instaura en la vida del niño o la niña como una forma permanente de relación con la figura protectora/victimaria.
- La edad del niño o la niña cuando es víctima de este maltrato o abuso sexual.
- Si hay una o varias figuras de referencia seguras en la vida del menor, en quien este puede apoyarse para relatar lo sucedido que creen en su historia. Si aquí encuentra consuelo, confianza y sostén emocional donde descargar emocionalmente lo sucedido, la vivencia de violencia física o sexual tendrá mucho menos poder para ejercer su sufrimiento.
¿Qué hacemos en psicoterapia?
La psicoterapia es un lugar privilegiado para atender las secuelas psicológicas que el maltrato continuado y/o el abuso sexual han dejado en las personas. Es un espacio seguro y respetuoso con el ritmo y la necesidad de cada persona.
Aquí nos servimos de herramientas corporales que nos ayuden a calmar un sistema nervioso que puede venir alterado de serie (angustia, insomnio, ansiedad, disociación, flashback….), con las que la persona aprenda a regularse cuando las emociones son tan intensas que parecen desbordarla.
Nos servimos de la palabra, la escucha genuina, la atención y el respeto para que la persona pueda contar lo que necesite sobre su vida actual y pasada. Sea lo que sea que esté siendo o fuera dañino y que necesite ser relatado. Esto es un elemento fundamental en el proceso porque guardar recuerdos en el baúl de los secretos dota a estos recuerdos del poder de ejercer sufrimiento (en forma de culpa, vergüenza crónica y angustias atemorizantes) a la persona.
Además, puede ser útil elaborar cognitivamente las creencias y relatos que se quedaron estancados junto a esos recuerdos. Y es que cuando estas agresiones se producen en la infancia, el niño y la niña no cuentan con los suficientes recursos cognitivos y emocionales para elaborar lo ocurrido con coherencia, y se sirven de fantasías y defensas primitivas para hacerlo, resultando un relato muy sesgado que pulula por la psique de la persona adulta manejando su vida, de forma más o menos insconsciente.
Integrar estos recuerdos, vivencias y emociones es otro de los trabajos necesarios. Coser lo que se fragmentó y se rompió para que la persona se perciba y se viva integrada.